4 de Octubre de 2026
"El Arte del Liderazgo"
(Ojo editor: Así se va a llamar este espacio).
Cuando la egolatría lidera, el equipo pierde.
(Y este es el título de esta colaboración).
Por José Luis Sorcia
"El liderazgo no reside en saberlo todo, poderlo todo o controlarlo todo; es el la suma de sabias decisiones y impulsadas por buenas intenciones ".
Liderar es un arte, es la sublimación del conocimiento y dominio de la naturaleza humana que no debe ceder a los caprichos del ego o a los impulsos de la bestia interna.
Todos los seres humanos, como parte de nuestra esencia tenemos ego; la fuerza interna que impulsa, alienta o que incluso domina la vanidad del ser. Esa vanidad que significa el orgullo en exceso y el amor desorbitado por la imagen que aparece frente a nuestro espejo, las más de las veces sin valor ni fundamento.
Cuando estas en una posición de liderazgo y dominas tu ego, entonces eres capaz de observar las virtudes y capacidades que tiene la gente que te rodea y sabes cómo aprovechar sus competencias para estructurar un equipo capaz de llegar hasta donde tu visión de líder alcanza a ver el propósito deseado o la cumbre por conquistar.
La palabra Vanidad, proviene del latín: “vanitas”, que se traduce como vacío o falto de contenido, carente de valor real. Entonces, ahora podemos entender como la vanidad, que se regocija en lo superfluo, en la forma más no en el fondo, es lo que hincha al mal jefe que asume falsas apariencias, diálogos vacíos, mensajes sin sentido, ocurrencias y locuras. Vamos, pura simulación y engaño, para esconder la carencia de valores supremos que contribuyan a enaltecer el sentido real de un liderazgo que lleva al equipo, cohesionado, comprometido, unido y feliz, al logro de la meta. He ahí el arte del liderazgo como la acción más grandiosa de un ser humano: Ser capaz de llevar a las personas hacia mejores estadios de bienestar y felicidad, en los privado y en lo público. Y eso es precisamente, lo que marca la diferencia entre un jefe y un líder. Y, si queremos ver más adelante, la enorme diferencia entre un político y un gran estadista.
Jefe cualquier mequetrefe puede ser, basta con que haya doblado las rodillas andado o que reclame el pago del favor, el que haya sido, para estar en una posición de mando. Pero pedirle a ese botarate que conduzca al éxito a un subordinado (Ya ni que decir a un equipo en un proyecto) es como arar en el desierto, frente a un ser investido de una vanidad estulta pero muy rampante.
Hay jefes por todos lados, estamos inundados socialmente de ellos, pero auténticos lideres se podrían contar con los dedos de una mano. Hoy la sociedad demanda liderazgos fuertes, honestos, humanos, capaces y sensatos. Las empresas para ser productivas, necesitan lideres con un modelo de gerencia totalmente distinto al que se ha vivido en otras décadas de la historia, y en el sector público ni que decir; el concepto de líder se confunde con el de jefe, subordinados doblegados en absoluto al superior inmediato y así sucesivamente, donde la genuflexión por dogma es el signo que caracteriza la obediencia infinita, sin límites, donde no se reconoce la menor dignidad posible y por eso es indispensable analizar los egos que impiden el desarrollo del equipo y el trabajo productivo.
El buen líder es la persona que sabe hacer que las cosas sucedan, sin que el equipo se desintegre o los miembros sean menospreciados, sin que tenga que imponer caprichos y voluntades que incluso van contra la razón o el sentido común. Es ahí donde está el reto, donde tiene que mostrarse inteligencia, razón y templanza para dirigir con el convencimiento, liderar con el ejemplo, arrastrar con la personalidad que logra concatenar los ánimos, esfuerzos e incluso los deseos y las ilusiones de la gente que puede llegar a ser “su gente” cuando se halla en perfecta coincidencia de fines e intereses por el objetivo superior a la individualidad del jefe o del subordinado.
Solo quienes viven la inseguridad de su existencia, de sus saberes y haberes intelectuales, solo los que carecen de valores que no conocen y por lo tanto no pueden enseñar, solo aquellos que se envalentonan en una posición montada sobre un ladrillo, mareados en sus cinco minutos de gloria, esos son incapaces de entender la maravilla humana que significa el trabajo de un equipo encabezado por un verdadero líder.
¿Y usted, cuántos de esos conoce o acaso será que ya está a la orden de alguno de ellos?
José Luis Sorcia, es un experimentado director-estratega. Se ha desempeñado en el sector público y privado; es conferencista, desarrolla liderazgos productivos, maestro universitario, asesor financiero, director en empresas transnacionales y nacionales, fue secretario de Educación en Puebla, periodista, publicista y mercadólogo.
