Entre voces y caminos: yo maestra
(Primer lugar en el 2° Concurso de
Cuento de la Comunidad Normalista realizado
en el marco del 8° Congreso Nacional de Investigación
sobre Educación Normal. Chihuahua ,2025)
José Gabriel Marín Zavala
Salgo con mi café. Sabe igual que el otro. Es mucho más caro, pero en mis fotos en Instagram se verá mucho mejor… un vaso mucho más cool. El ángulo de la cámara de mi cel quedó perfecto… y no salió la mona esa. ¡Ah, ésta me gusta! Se ve el cuadro ese de un fulano como gritando. Creo que es famoso. ¡Mi cabello! Así me gusta más, caído del lado izquierdo. Sin el suéter ese de la escuela tan feo, mi blusa se ve mucho mejor… espero que no se me pongan locos los maestros con que no es la oficial. ¡Mira mis aretes! ¿Qué frase le pongo a la imagen? Ouch… esto está muy caliente… ni puedo tomarle. ¡Mañana es sábado! Me levantaré tarde.
¡Qué semana tan pesada! Estas jornadas de práctica me gustan, pero quedo muy cansada. ¡Qué bueno que ya no tuvimos que ir este día, ya estaba muy cansada! Me encantó que los niños me dijeran que me extrañarían. ¿Será que de verdad sirvo para ser maestra? Al menos los niños se veían muy contentos. Me gustó que aprendieran sobre las emociones. Las otras practicantes se veían preocupadas, ¡y más cuando la direc las regañó frente a todas! ¡Qué oso! Aun no entiendo bien eso de los campos formativos, pero ya iré entendiendo mejor esa parte. Todavía no he redactado mi informe. El domingo lo hago y lo entrego el lunes. Esta calle no me gusta… está horrible… siento que me van a asaltar, o que algo malo me va a pasar.
¿Qué outfit llevaré a la fiesta de Lau? Ya nada más faltan dos semanas. El vestido azul está muy bonito, pero ya lo usé la otra vez… ni modo que me lo ponga otra vez, todas se darían cuenta. ¿Es ese el micro? Sí, es éste. Por poco se me cae el café. A este chofer ya lo había visto antes, no está tan mal, pero … nada, nada… ese lugar de allá, cerca de la puerta está muy bien, ojalá no venga alguna gorda a sentarse junto a mí. ¿Dije gorda? Pero si soy una feminista… ¿qué me pasa?
Mis fotos quedaron increíbles. ¡Cuántos likes! Yo debí ser influencer. Ayer funaron horrible al Profe Alberto. La Vero no debió comentar eso sobre la marcha, los martillos, la pintura y eso. Todas debimos apoyarla, pero el profe se pasó con su rollo, con la desigualdad estructural y esas ondas, y la ¿deconstrucción del currículo? ¿Cómo dijo que se llamaba la chava esa? ¿Simona, Simone? Ah… sí, “no nacemos mujeres, llegamos a serlo…” Eso se me quedó, se oye chido… muy chido. Creo que todas lo entendimos más o menos, pero… de todas maneras casi no cambia nada. Bueno, ese profe se lo buscó, la verdad… se lo buscó. Ojalá sus amigos, los otros profes le hagan paro. Ashhh ¿Quién subió esta historia? Se pasaron, esta foto está horrible.
Mi mamá ya debería dejar a ese. Anoche ni llegó. La escuché llorando. Eso me desconecta, y todavía vestir y atender a mi hermanito, darle de desayunar, llevárselo con ella. Llegar a trabajar a esa escuela y aguantar como a cincuenta chamacos que ni son suyos. Por eso a veces dudo ser también maestra. Cuando mamá me cuenta de lo poco que la apoyan las mamás y los papás de sus alumnos, de sus compañeras y compañeros, me dan ganas de decirles sus cosas. Pero no pensaré en ello. ¿Cómo le diré de mi tatuaje? Ay no, mejor ni le digo.
¡Pronto! ¡Chin… ya me pasé! “Toquen porfa, aquí bajo… el timbre… bajan”. Casi me paso… miro al conductor de lejos… no, es un simple chofer… y seguro tiene como veinte novias ¡Qué corto se me hizo el camino! Ahí está el de los tamales. ¿Me fiará otro? Se me fue todo en el café. ¡Bueno! Si no, él se la pierde. Esto sigue muy caliente.
Esto es lo que me da más flojera: levantarme, caminar. Esta puerta está muy vieja… de milagro no se ha caído, la escuela debe tener como mil años. Upsss… ¡ahí viene Andy… y con Vero! ¿Qué hago, qué hago? Busco en mi cel, ¿qué busco? ¿ya pasaron? Este uniforme no me gusta nada. Está horrible. ¿A quién se le habrá ocurrido? Me choca, nos tratan como a niñas chiquitas. El profe Alberto nos echa el verbo de que la Nueva Escuela Mexicana, y que la interculturalidad crítica y no sé qué tanto. Esa materia me gusta, pero nada más me emociona… porque ni pasa nada. Nada más obedecemos, ya ni en mi casa me tratan así. ¡Qué bueno que hoy no viene la Miss Soco… porque de plano me duermo en esa clase! Lo bueno será que saldremos más temprano.
Muchas veces he pensado que ya no sé vivir si no hay alguien que esté mirando mis historias. Ya me acostumbré a mirarme en el reflejo de mi pantalla. ¿Publico esto?
¿Muestro lo otro? El Profe Roy me gusta, creo que no está tan grande. ¿Dónde dejé mi café? Bueno… seguro ya estaba frío. Esa foto que me tomé en el museo salió muy bien, y casi ni le puse filtro. Esa sonrisa la ensayé hasta el cansancio en la casa. Y me salió super bien. Mi perfil realmente está hermoso… estéticamente perfecto. A veces siento que es un juego, como una actuación en la que debo verme bien creativa, comprometida, alegre y cool, y obtener las felicitaciones por ello. Me da miedo salir y no encontrar trabajo… o empleo, que no es lo mismo (como dice el profe Alberto). En mi perfil público subí las fotos de mis prácticas, mis materiales, mis outfits en el aula. Dicen que así se ve una más profesional… como que sabe una lo que hace. ¿Qué pasará cuando termine? ¿Habrá cena baile? Ya deberíamos ver eso… aunque por ahora en la casa, las cosas no andan tan bien que digamos. Ufff… cambiaré este color en los labios… se ve mejor éste.
Loca … ¿qué onda? Ayer ni nos pelaste – dice Paty.
Pues yo sí trabajo… no como otras…– responde Jaz.
No te enojes Jaz, era broma— (le digo con cierto cargo de conciencia).
No pasa nada… es que… trabajar en la tienda de tres a once, casi doce, cansa de a deveras.
Ya… ya… perdón – arguye Paty.
Pinche Vero… ¿qué onda ayer? ¿Ya no te dijo nada el Profe? – (lo digo para cambiar de tema y meter el chisme)
Ay Alba, no seas inocente. Obvio que no, el profe ya sabe que, si se mete conmigo, le va mal. Somo mujeres… hasta podemos acusarlo de estarnos acosando –. (¡Pero eso no es cierto! Me digo con tibieza, temor y culpa).
Todas callamos… sabiendo que se había pasado ¿acoso? Pero, ni modo que le dijera algo… se supone que soy feminista… todas somos feministas. Tampoco dijimos más a Jaz… (en esa cadena las explotan terrible). Pobre. ¡Pobres de todas nosotras, a veces parecemos extraviadas! Paty me grita: Vi tus fotos en el insta. No manches, te la volaste… ¡enseñaste de más! No dije nada, les hubiera dicho que yo solo hago eso, los tatuajes, mi cara ni sale. En cambio, lo que ellas hacen, eso sí está muy mal, pero pues… ¿para qué? Dejé que se burlaran… para mí eso era un halago porque estaban muertas de envidia, lo sé. ¿Será que todas necesitamos ser escuchadas sin darnos cuenta?
Tengo pocas ganas de ir a esa ceremonia. Veo a las maestras y a los profes, y noto claramente que solo están fingiendo, porque en realidad ni apoyan al director, solo lo toleran porque les tapa sus cosas. Todos fingen. Todos fingimos. Me encantó enseñar a esa niña a escribir su nombre completo. No le tomé foto, nadie lo verá… pero valió la pena ver su carita. Cuando tenga hijos, quiero una niña como esa. Parecía muñequita. No conozco a sus padres, creo que están divorciados. Se me quedó eso que les dijo la direc a las regañadas: “¡aquí las cosas se hacen con el corazón… no para los likes!”. Realmente se veía enojada. ¡La bronca en la que se hubieran metido si subían esas fotos!
¿Qué clase de maestra quiero ser? A mí me hubiera gustado que una maestra me acompañara así, como … no sé… con cariño. Me acuerdo que pocas veces me sentí segura… siempre vi que las otras niñas eran más bonitas y más inteligentes. No recuerdo que me hubiera acompañado mi mamá… y menos mi papá. Bueno, mejor. Me gusta trabajar con niños pequeños. Cantar con ellos, bailar. Armar títeres y descubrir cómo, en cada uno de sus dibujos, torpes y mal hechos, hay cosas que ni sus padres pueden descubrir. Pero eso… eso… no aparece en mi insta. Debo pensar por mí. Cada vez me convenzo más. En realidad, ya mi mamá hizo mucho por mí.
Últimamente en la escuela me han enseñado cosas que siento que me llegan. Como ese chino ¿o japonés?, que nos enseñó el profe, el Byeung Chulo (que tantas risas nos causó a todas cuando le inventé ese apodo). Esa clase también me gustó mucho. Ese profe es de los buenos. Como que va contra la corriente. ¡Qué poco lo valoramos! Pobrecito. Eso de que nos mostramos como producto, y nos vendemos como experiencia. ¿Por qué busco tanto exhibirme siendo maestra? ¿Por qué, si no lo comparto, es como si no existiera? ¿Por qué siento que, si no lo ven, no cuenta? Ese regaño a las compañeras me caló. Recuerdo a la niña que me preguntó: “¿También vamos a salir en tu celular maestra?”. No supe ni qué decirle. Creo que hasta me puse roja. ¿Acaso todo lo que hago sólo vale si hay cámara? ¿Acaso ese momento especial solo vale si lo comparto? ¿Apoco solo si poso con mis niños, y lo subo, ya tiene valor?
Esta banca está muy dura. ¿Qué dice esta maestra? Creo que ya ni la estoy escuchando. Ojalá no me pregunte nada, porque me a cachar. Tengo hambre. Debí hacerle caso a mamá, de traerme un lunch. Esta clase es muy aburrida. ¿Por qué no habrá alguna en la que platiquemos de esto que siento? ¿Por qué nos tratan como niñas chiquitas? Debería haber espacio para ello. El comité de alumnas solo sirve para las fiestas y las suspensiones de clase. Eso no es ser maestra. ¡Ay maestra, por favor ya cállese!
…Por fin en casa. Iré por la comida. ¡Caramba… ya es muy tarde! Mamá también llegará tarde. Ojalá el médico le dé algo efectivo para lo que tiene. No sé ni cómo ayudarle, ni cómo se ha aguantado tanto. Ojalá llegue antes que ese menso. A ver si encuentro algo aquí en el refri. ¡Qué horror… no hay internet! ¿Qué habrá pasado? Seguro exceso de pago. Bueno, esta noche no subiré nada. Ese chino sigue retumbando en mis oídos. Deberíamos sentarnos en la escuela a discutir lo que dice, y no estar solo obedeciendo como si fuera menor de edad, creo que somos bastante infantiles. ¿Nueva Escuela Mexicana? ¿Cómo que ya no estoy dominada por el deber, sino por la presión de mostrarme? ¿Cómo que “debo” tener emociones visibles?
¿Acaso voy a ser una influencer que muestra su “ternura pedagógica” para que vean que soy una super buena maestra? ¿Y además una bien guapa? ¡No! No quiero eso…
¿o sí? Nueva Escuela Mexicana… ayúdame.
Ya es sábado. Anoche no subí nada. No tuve filtros ni hashtags. Así que hoy me dedicaré a existir… aunque no me vean. Mamá no se ha levantado, ya ni vi a qué hora llegó. Dios, ojalá no esté tan mal. El chaparro está despierto, pero ahí esta con su juego de la tableta. Otra vez no llegó ese… hoy sí debo hablar con mamá, tengo mil cosas qué platicar con ella.
Ya llevamos una semana sin internet. Creí que moriría, pero la verdad es que hasta siento que he hablado más conmigo misma. ¿Cómo puedo hacer para ser más maestra… y menos influencer? Creo que me gustaría más ser “la maestra Alba”. Que no hablen de mí en las redes, ni de mis prácticas ni nada, pero que los niños me llamen por mi nombre. ¿Cuánta gente sabe de mis anhelos en la vida? ¿A quién le importa todo esto que pasa por mi cabeza? ¿Sabrán que sufro por mi madre? No hay duda. Hay cosas más profundas…y es eso que no se muestra… eso es mío. Lo que no se publica también existe… y muchas veces solo de esa manera, se vuelve verdadero. “Voy mami… tenemos que hablar… ¿cómo te fue ayer?”
